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Berlín: Clásica, moderna y extravagante

En el siglo XIV, dos pueblos de mercaderes se fusionaron y dieron lugar al nacimiento de una ciudad que se convertiría en una de las más importantes de Europa. Berlín, capital de diversos reinos, imperios y repúblicas.

Berlín uvo una historia turbulenta: entre 1961 y 1989, incluso, su territorio quedó partido por un muro. Hoy la localidad más poblada de Alemania es una urbe cosmopolita que maravilla con su arquitectura, sorprende con su cultura e invita a reflexionar al revisar su pasado.

Berlín y Cölln eran dos localidades mercantes que se desarrollaban a ambos márgenes del río Spree. En 1307, decidieron unirse y así nació una nueva entidad territorial que mantuvo el nombre de uno de los pueblos: Berlín. La ciudad no dejó de crecer y en los años siguientes fue capital del Margraviato de Brandeburgo, el Reino de Prusia, el Imperio Alemán, la República de Weimar y la Alemania nazi. Tras la Segunda Guerra Mundial, un muro la dividió en dos, separando el oeste capitalista del este comunista. La caída del bloque socialista llevó al derrumbe de la pared y Berlín se fortaleció como un símbolo de la reunificación.
Con siglos de historia que dejaron su huella en cada rincón, recorrer la ciudad es atravesar una parte importante de la historia moderna. Pero Berlín es mucho más que una recopilación de sucesos pretéritos: se trata de un territorio dinámico, rebosante de energía y lleno de vida.

Atravesando la Puerta de Brandeburgo

En 1788, el arquitecto Carl Gotthard Langhans inició la construcción de la Puerta de Brandeburgo, un inmenso monumento de 26 metros de altura y más de 65 metros de ancho que marcaba el ingreso a la ciudad. La estructura se encuentra en el centro de la Berlín actual, pero sigue siendo un buen punto de partida simbólico para comenzar a desandar sus calles.
De estilo neoclásico, la Puerta de Brandeburgo dispone de cinco zonas de paso, decoradas con relieves que presentan a diversos personajes mitológicos. Sobre la puerta se luce la Cuadriga diseñada por Johann Gottfried Schadow, que fue llevada por Napoleón Bonaparte a Francia y luego restituida a Alemania.
A pocas cuadras de distancia se encuentra Potsdamer Platz, que supo ser una de las plazas más concurridas del Viejo Continente gracias a los diversos transportes que partían y llegaban a la zona. En Potsdamer Platz, de hecho, se instaló el primer semáforo europeo. En la Segunda Guerra Mundial fue destruida y luego quedó casi en estado de abandono, hasta que fue remodelada después de la caída del muro de Berlín. El desarrollo arquitectónico convirtió a Potsdamer Platz en un ícono de la Alemania reunificada y moderna, con edificios de vanguardia como el Sony Center y eventos como el Festival Internacional de Cine de Berlín.
Alexanderplatz es otra de las grandes plazas de la capital alemana. Nació como un mercado para la venta de ganado y fue reestructurada varias veces a lo largo de la historia. En la actualidad, pasar por Alexanderplatz es casi una obligación para el turista ya que en los alrededores hay numerosos atractivos. Uno de ellos es la Fernsehturm, una famosa torre de televisión que levantó la Alemania socialista en 1969. Con casi 370 metros de altura, alberga un restaurante giratorio y un mirador que ofrece las más espectaculares vistas panorámicas de Berlín. Otro sitio de interés es el Reloj Mundial, que exhibe la hora de las principales ciudades del mundo en sus distintas caras.
Al oeste de Alexanderplatz, cruzando el río Spree, aparece la Catedral de Berlín, conocida como El Domo por su hermosa cúpula de color verde. Su construcción se inició en 1894 en el lugar donde existía un pequeño templo barroco. Como muchos otros edificios de la ciudad, los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial causaron estragos en la Catedral, cuya reconstrucción recién finalizó hace pocos años.

El muro que nunca se fue

Hablar de Berlín es hacer referencia, de una forma u otra, al muro que supo dividirla en dos. Aunque la pared de hormigón fue derribada en 1989, su presencia es constante ya que sus huellas son imborrables. Durante 28 años, familiares, amigos y vecinos quedaron separados por una barrera física. Todavía pueden verse restos del muro en diferentes lugares de la ciudad, como en la llamada East Side Gallery.
La historia del muro también puede rastrearse en Checkpoint Charlie, que fue el paso fronterizo más conocido. Por este lugar trató de huir de la Alemania socialista un joven de 18 años llamado Peter Fechter, que fue baleado por los guardias de la República Democrática Alemana y murió desangrado ante los ojos de decenas de personas ubicadas en el lado occidental del muro. Una exposición de fotos, réplicas de carteles y la reconstrucción de un puesto de control permiten hoy repasar la historia en Checkpoint Charlie, donde también funciona un museo centrado en el muro.

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Texto: Ingrid Escabués y Julián Pérez Porto

Fotos: Redacción y turismo oficial Berlín