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Real food, en guerra contra la comida chatarra

Real food, en guerra contra la comida chatarra

Se sabe que los alimentos procesados suelen contar con una cantidad excesiva de sal, azúcares y grasas que repercute de manera negativa en la salud. Para combatirlos, una nueva tendencia impulsa a consumir “comida real”.

 En un mundo donde cada vez se vive más rápido, pareciera que nunca hay tiempo para ir a una verdulería o una carnicería, elegir los productos a conciencia y luego preparar la comida. Por eso, cuando llega la hora del almuerzo o de la cena, todo se “soluciona” recurriendo a alimentos procesados: alcanza con abrir el envase y, algunos minutos después, la mesa ya está servida.

El problema está en los componentes de esta clase de alimentos. Aunque las publicidades intentan ocultarlo, presentan una gran cantidad de sal, grasas y azúcares añadidos que, en el largo plazo, pueden provocar desde diabetes hasta ciertos tipos de cáncer, pasando por enfermedades cardiovasculares.

Con el objetivo de fomentar la concientización sobre estos riesgos y de favorecer una alimentación más saludable, surgió un movimiento conocido como real food. Su nombre hace referencia a la “comida real” que se invita a consumir: alimentos frescos sin procesar o con un procesamiento que no haya afectado sus propiedades naturales ni la calidad de su composición.

La papa, por ejemplo, es una “comida real” aceptada por el realfooding. El puré de papa en polvo que se comercializa envasado, en cambio, no lo es. Esto se debe a que este puré comercial incluye aceites refinados, almidones, azúcares y diversos aditivos. Para cuidar la salud, nada mejor que comprar una papa fresca, hervirla, agregarle leche y condimentos y pisarla hasta conseguir la consistencia deseada.

Los defensores del real food advierten que los ultraprocesados pueden llegar a resultar económicos por utilizar ingredientes de baja calidad que, además, no son perecederos. Sin embargo, insisten en que no se trata de “comida real”, sino de una imitación. Las empresas pueden apelar a diversas estrategias de marketing para confundir a los consumidores, incluso haciendo referencia a premisas saludables que no son ciertas.

Las frutas, las verduras, los tubérculos, las legumbres, los frutos secos, las semillas, las carnes, los huevos, los aceites vírgenes, los cereales integrales, las especias y los lácteos de buena calidad forman parte de esta “comida real” que debería ser la protagonista de la dieta. Por el contrario, según los defensores del real food habría que prescindir de las gaseosas, los jugos envasados, los lácteos azucarados, las galletitas, las salsas comerciales, las carnes procesadas y los alimentos precocinados. El organismo, afirman, estaría agradecido.



Texto: Redacción Sólo Líderes