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Comida bañada en oro, para comensales excéntricos

Comida bañada en oro, para comensales excéntricos

El lujo dorado había bañado hasta ahora automóviles, joyas, relojes, cuchillos y medallas, pero una nueva tendencia permite que el oro sea parte de la gastronomía aportándole glamour a numerosos platos.

Las láminas de oro comestible engalanan muchas tortas mientras que el oro en polvo es la decoración perfecta para unos exquisitos bombones. Aquellos que apuestan a presentaciones culinarias sofisticadas, en tanto, están incluyendo coberturas y detalles de oro en preparaciones que, hasta hace poco tiempo, no necesitaban verse fastuosas para conquistar a los comensales.

Antes de la fiebre dorada, para que una hamburguesa resultara irresistible bastaba con combinar la carne con exquisitos acompañamientos y potenciar los sabores con aderezos. Ahora, a juzgar por el éxito que tienen las imágenes de comida en las redes sociales, la apariencia es más importante que el gusto del menú: por eso van ganando terreno, por ejemplo, los panes bañados en oro.

El año pasado, un chef holandés llamado Diego Buik le rindió tributo a la estrella de la comida rápida y marcó un récord Guinness con la hamburguesa más costosa del planeta. Poco más de dos mil dólares cotiza su sándwich por incluir, además de oro comestible, langosta de río marinada, trufas blancas y caviar, entre otros selectos ingredientes.

En Nueva York, en tanto, varias opciones de la carta de Serendipity 3 demuestran el protagonismo que va ganando el oro en la cocina. Mientras que Le Burger Extravagant es una hamburguesa repleta de calorías que mantiene su forma gracias al escarbadientes de oro sólido y decorado con diamantes atravesado en su centro, The Quintessential Grilled Cheese se impone como un oneroso sándwich a base de pan de molde elaborado con champán y cepillado con un mix de copos de oro de 23 quilates y aceite de trufa blanca. El relleno, en tanto, está conformado por un queso italiano difícil de conseguir y se acompaña con una salsa de tomate con pedazos de bogavante procedente de Sudáfrica. Por mil dólares, además, se puede disfrutar en este restaurante neoyorquino un postre especial bautizado como Golden Opulence Sundae por cautivar a los consumidores con helado de vainilla proveniente de Tahití realzado con brillantes láminas de oro comestible, vainilla de Madagascar y chocolates exclusivos. Una cuchara de oro de 18 quilates y un plato dorado contribuyen a que esta copa helada sea imposible de pasar por alto.

Para garantizar la variedad y captar la atención de personas de diferentes edades y pretensiones gastronómicas, en Nueva York también es posible comprar alitas de pollo cuyo rebozado lleva oro de 24 quilates. Cuentan que la decena tiene un valor de cuarenta euros y es la moda foodie que más clientes está acercando al restaurante The Ainsworth… Sin dudas, la alimentación del momento es un lujo excéntrico que se paga caro.
 



Texto: Redacción Sólo Líderes