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Orbiting y ghosting, nuevas tendencias en los vínculos sociales

Orbiting y ghosting, nuevas tendencias en los vínculos sociales

Hace varios años que las relaciones sociales van mucho más allá del contacto personal: el universo virtual juega un papel cada vez más importante. La tecnología puede resultar tan positiva como negativa, ya que facilita conductas que son dañinas.

 Hoy en día las relaciones sociales nacen, se afianzan y/o se disuelven en Internet. Es común que una pareja se haya conocido a través de Facebook, Instagram, Twitter u otra plataforma. Incluso quienes entablaron contacto por primera vez en el “mundo físico” luego suelen alternar los encuentros reales con comunicaciones digitales. Y así como el amor puede surgir en la Web, allí también puede llegar a su fin.

Es imposible disociar la vida de lo virtual. Pero no hay que perder de vista que las herramientas tecnológicas, así como simplifican un sinfín de cuestiones, son usadas por ciertas personas de un modo perjudicial. En este contexto se enmarcan dos tendencias que preocupan a los psicólogos: el orbiting y el ghosting.

El orbiting aparece cuando una persona, luego de alejarse de su pareja, se mantiene presente en las redes sociales de su ex, aunque de una manera tenue o sutil: es decir, orbitando. Tal vez retuitee un mensaje, comparta una publicación en Facebook o deje comentarios breves en fotografías, por ejemplo. Sin embargo, no responde los mensajes personales, directos o privados.

Esta conducta puede provocar una gran frustración en el destinatario. Quien incurre en el ghosting se hace notar y se mantiene, en cierto modo, cerca para estar al corriente del otro, pero la proximidad nunca llega al nivel de mantener una charla o un encuentro personal.

Debido al orbiting, resulta difícil dar por cerrada una relación: aquel que orbita no se aleja y, de manera simultánea, no permite un reencuentro. En algunos individuos, esa indefinición provoca angustia y estrés.

El ghosting es otra forma de disolución de una relación que causa un dolor adicional. En este caso, el sujeto se vuelve un fantasma: de un día para el otro deja de responder mensajes y llamados y rompe los vínculos virtuales. No hay explicaciones, solo una huida.

Quien padece el ghosting, por lo tanto, se ve forzado a atravesar un duelo sin respuestas sobre la causa de la separación. La desaparición del otro, además, daña la autoestima.

El orbiting y el ghosting, en definitiva, constituyen otra muestra de la falta de compromiso y de empatía que, muchas veces, se registra en el mundo moderno. Para evitar males innecesarios, siempre es mejor mirar a los ojos y apelar a la sinceridad y al respeto.



Texto: Redacción Sólo Líderes