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Lady Di: La princesa del pueblo

Lady Di: La princesa del pueblo

A esta hermosa mujer que hoy vive en el recuerdo del mundo entero no le hizo falta ser un personaje de ficción para liderar una novela apasionante porque el destino se encargó de hacerla protagonizar un cuento de hadas que lamentablemente, no tuvo un final feliz.Amor, pasión, traiciones, felicidad, drama, son los condimentos de una historia que parece irreal, pero que tuvo a una princesa muy amada llamada Diana Frances Spencer, como figura estelar.

 Esta bella mujer, Diana, la princesa del Pueblo, se ajustó físicamente a los cánones de belleza impuestos en la época y acompañó esa cuestión superficial con un espíritu bondadoso y un alma muy sensible y transparente. Por momentos, la vida fue generosa con ella y le dio el privilegio de encontrar un príncipe, casarse con él y tener dos descendientes. Ser una princesa le abrió tantas puertas y la expuso tanto frente al mundo que no le alcanzó con cerrar ciclos y esforzarse por resguardar su intimidad cuando su castillo, que terminó siendo de arena, se derrumbó y la obligó a adaptarse a nuevos y complejos escenarios. La trama resultaría exagerada para un drama hollywoodense y, sin embargo, este cuento de hadas convertido en pesadilla no tiene nada de ficción.

Pasos de un camino Real

Cada primero de julio se recuerda la llegada al mundo de la princesa del pueblo que según los registros, fue en el año 1961. Frances Ruth Burke Roche y John Spencer fueron sus progenitores. Desde pequeña disfrutó las mieles de una posición social acomodada aunque su realidad familiar nunca consiguió estabilidad. El divorcio de sus padres modificó sus rutinas infantiles y la transformó en un botín de guerra porque, justicia mediante, tras mudarse con su mamá tuvo que permanecer bajo la custodia del hombre de la casa. A mediados de los ’70 acompañó a su papá en una gran cantidad de viajes, quien para ese entonces estaba unido en matrimonio a Raine McCorquodale. Durante años, la madrastra fue la mala de la película y hasta, según cuentan, se ganó el apodo de “Lluvia ácida” por parte de la pequeña Diana. El paso del tiempo ayudó a lograr que la confianza y el cariño mutuo triunfaran frente a las diferencias que las separaban, permitiendo que ambas entablaran un vínculo cercano basado en el respeto y el acompañamiento incondicional.

El Príncipe Carlos, un antes y un después en su vida…

Esta muchacha que supo mostrar en su juventud habilidades para múltiples disciplinas deportivas pero soñaba con ser bailarina conoció a Carlos, su futuro marido en 1977 y, desde entonces, ya nada fue igual en su vida.
Este príncipe, lejos de ser azul e ideal, fue el hombre que no encontró el modo de ser un auténtico caballero. Fue el deporte casualmente quien los unió; versiones amparadas en cartas enviadas por el primogénito de la reina Isabel II indican que la boda entre ambos, celebrada a fines de julio de 1981, se produjo simplemente por presiones de quien fuera el suegro de Diana. No había entre ellos amor, apenas una puesta en escena de varios años de duración que aún así, le dieron a ambos lo mejor de sus vidas: dos hijos maravillosos para continuar una dinastía que cada vez abarca más generaciones. El 28 de agosto de 1996, esta unión llegó formalmente a su fin: la existencia de Camilla Parker-Bowles, una amiga de Carlos que en este cuento comenzó siendo un personaje secundario y alcanzó un rol central ya que de vivir un amor a escondidas terminó siendo la duquesa de Cornualles, también impidió que el príncipe y la princesa fueran felices y que, como señala una frase típica del fin de las narraciones infantiles, comieran perdices…
Pero una vez más, frente a lo inevitable, los ojos del mundo se posaron sobre esta mujer que resultó víctima de un accidente automovilístico. Ese trágico episodio, aún hasta el día de hoy, provoca dudas, sospechas, enojos y un sinfín de teorías, todos condimentos que siguen nutriendo la dramática historia de una princesa triste que, en el marco de su funeral, fue despedida por su amigo Elton John con el tema “Candle in the wind”.

Dama de joyas, prendas elegantes y sombreros distinguidos

Diana siempre fue una mujer de buen vestir, hallando en creaciones de marcas y diseñadores como Catherine Walker, Murray Arbeid, Dior, Versace y Jasper Conran las piezas perfectas para verse impecable y acorde a cada ocasión. En su guardarropas abundaban los sombreros, una clase de accesorio que terminó siendo un infaltable de sus looks. John Boyd y Philip Somerville lideraron su lista de diseñadores favoritos. Las piezas que adornaron su cabeza y ocultaron parte de su cabellera fueron diversas y creativas. Azul, verde, blanco, marrón, rosa, violeta, rojo, negro… En una amplia gama de colores, Lady Di siempre se las ingenió para marcar tendencia y embellecer su imagen con originales turbantes, pamelas, boinas y sombreros de formas atípicas.
Los bolsos y los clutches fueron otros de sus objetos predilectos. Según la diseñadora Anya Hindmarch, ella solía aprovechar las carteras pequeñas no tanto para trasladar objetos personales sino para descender de los automóviles de manera elegante y sin dejar su escote al descubierto. Entre sus preferidos estuvo siempre una pieza que Lana Marks creó especialmente para ella en 1995. En 2017, esta artista desarrolló una versión lujosa y original de ese antiguo modelo para una subasta con fines benéficos. Piel de cocodrilo, un broche con apariencia de corazón logrado con oro de 18 quilates y más de doscientos diamantes blancos le aportaron fastuosidad a este elemento recreado en honor a Lady Di y con el único objetivo de participar en una iniciativa solidaria tal como lo hubiese querido la musa de esta creación.ç

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Texto: Redacción Sólo Líderes