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Estambul: Abanico de culturas

Estambul: Abanico de culturas

Occidente y Oriente se abrazan en Estambul, la ciudad más poblada de Turquía. Una urbe que se reparte entre Europa y Asia y que fue capital de tres imperios a lo largo de su historia. Dueña de una riqueza cultural única, esta localidad que antiguamente fue conocida como Bizancio y como Constantinopla es uno de los destinos más fascinantes del mundo: la tradición y la modernidad se fusionan a la perfección con el Bósforo como testigo.

Primero fue Bizancio, tierra de colonos griegos. Su nombre honraba al rey Bizas, fundador de la ciudad varios siglos antes de Cristo. En el año 330, el emperador romano Constantino el Grande la refundó, dando lugar al nacimiento de Constantinopla. Este territorio ubicado en el estrecho de Bósforo, donde se unen el mar Negro y el mar de Mármara, supo ser la capital del Imperio romano, del Imperio bizantino y del Imperio otomano.
Cuando la República de Turquía fue establecida en 1923, perdió la capitalidad nacional, que recayó en Ankara. Siete años después, se adoptó la denominación oficial de Estambul. Los múltiples vaivenes históricos que atravesó son parte del encanto de esta área que exhibe múltiples perfiles y sigue ostentando una gran importancia internacional.

Un legado invaluable

En 1985, la Unesco declaró las “zonas históricas de Estambul” como Patrimonio de la Humanidad. El organismo advirtió por entonces la necesidad de preservar estos tesoros de la urbanización sin control, la contaminación industrial y la superpoblación. En los últimos tiempos se sumó una nueva amenaza: el terrorismo. Pese a todo, Estambul nunca perdió su magia.
Aunque los edificios históricos abundan, hay uno que sobresale por ubicarse en el punto más alto del lugar y por contar con una cúpula cuyo diámetro supera los treinta metros: Santa Sofía, uno de los emblemas locales. Joya de la arquitectura bizantina, fue construida en el siglo VI como iglesia cristiana y luego se convirtió en mezquita, función que cumplió durante casi medio milenio; de esa época datan sus cuatro minaretes y otras estructuras islámicas. En 1935, Santa Sofía renació como museo y desde ese momento se encuentra abierta a visitantes de todas las nacionalidades y culturas.
Frente a Santa Sofía se halla la Mezquita Azul o Mezquita del Sultán Ahmed, otro símbolo de Estambul. Fue inaugurada en el siglo XVII y es la única de la ciudad con seis minaretes. Los miles de azulejos azulados que decoran la cúpula y el techo del templo explican el porqué de su nombre.
Cerca de Santa Sofía y de la Mezquita Azul también se sitúa el Palacio Topkapi, desde donde gobernaban los sultanes otomanos. Se trata de un conjunto de diferentes patios y edificaciones, como el Harén y el Tesoro. Hoy alberga varios museos que vale la pena conocer.

Desde las alturas y el agua

Para disfrutar la mejor vista panorámica de Estambul, hay que dirigirse a la Torre de Gálata. Empezó a construirse en 1348 en madera y fue la estructura más alta de la metrópolis, aunque no llega a los 70 metros. Tras varias remodelaciones y reestructuraciones, la Torre de Gálata ahora cuenta con dos ascensores que permiten acceder a sus pisos superiores, donde funcionan un restaurante, un bar y un salón de fiestas.
El paisaje de Estambul que puede apreciarse desde el Cuerno de Oro, el estuario que se encuentra en la entrada del Bósforo, también es muy valorado. Varias embarcaciones turísticas ofrecen paseos para apreciar la ciudad desde el agua. Incluso se realizan excursiones nocturnas que incluyen cena-show a bordo.
Otra posibilidad es contemplar las construcciones de Estambul desde los puentes colgantes que unen Europa y Asia. El Puente del Bósforo, inaugurado en 1973, es el más antiguo. Quince años más tarde se erigió el Puente de Fatih Sultan Mehmet, destinado al tránsito pesado. El Cuerno de Oro, además, es atravesado por el Puente de Gálata, que vincula la parte antigua de la ciudad con el sector más moderno. Mientras que en el nivel superior circulan los vehículos, en el nivel inferior se pueden disfrutar las delicias de varios restaurantes que se especializan en platos elaborados con el pescado fresco que se obtiene en la zona.
De Santa Sofía a la Mezquita Azul y luego al Palacio Topkapi, de la Torre de Gálata a los puentes… Estambul posee muchos atractivos y unos pocos días no son suficientes para conocerlos todos. Pero alcanza con asomarse a la ciudad turca, aunque sea a través de imágenes, para quedar inmediatamente atrapado por su hechizo milenario.
 



Texto: Redacción Sólo Líderes

Fotos: Efraín Dávila