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Capillas de Roma: Obras de arte inolvidables

Capillas de Roma: Obras de arte inolvidables

La capital de Italia, por atesorar en su corazón al Estado de la Ciudad del Vaticano, es el destino por excelencia para aquellos que se interesan por el turismo religioso, especialmente si se profesa el culto católico. Cuando la fe no es el motor del tour, de todas maneras, las edificaciones reservadas para la oración y la celebración de misas siguen liderando el ranking de lugares más visitados porque nadie quiere perderse la oportunidad de apreciar de cerca la historia y el arte que embellece y realza a cada santuario.

Cada persona que planifica un viaje a la ciudad italiana de Roma espera encontrar allí la mayor concentración de espacios vinculados a la Iglesia Católica y hasta imagina que a través de la religión, podrá conocer el pasado y entrar en contacto con manifestaciones artísticas de enorme poder visual a través de la arquitectura, la escultura y la pintura.

Capilla Sixtina, un tesoro renacentista

En 1471, el italiano Francesco Della Rovera se convirtió en el papa Sixto IV. Seis años después, tomó la decisión de restaurar y reestructurar la Cappella Magna, una de las estructuras del Palacio Apostólico del Vaticano. Los trabajos se extendieron entre 1477 y 1480 y contaron con la participación de grandes artistas renacentistas como Sandro Botticelli, Cosimo Rosselli, Luca Signorelli, Domenico Ghirlandaio y Pietro Perugino.
Frescos sobre Jesucristo y Moisés, retratos de todos los papas y esculturas en mármol se sumaron a este espacio que en honor al impulsor de los cambios, pasó a conocerse como Capilla Sixtina. Sin embargo, todavía faltaba algo más para que el templo se posicione como uno de los más famosos e importantes a nivel mundial.
En 1508, Julio II –sobrino de Sixto IV– contrató a Miguel Ángel Buonarroti para realizar ciertas modificaciones en la decoración de la bóveda. La elección de este Sumo Pontífice no pudo haber sido más acertada: Miguel Ángel dedicó más de cuatro años a embellecer la capilla y logró plasmar todo su talento en pinturas al fresco que, muchos siglos más tarde, siguen emocionando por su belleza sin igual.
Cuentan que Miguel Ángel no estaba seguro de aceptar el encargo de Julio II ya que se consideraba mejor escultor que pintor. Las nueve escenas del Génesis que retrató, por supuesto, demuestran que su capacidad de expresión a través de las artes plásticas no reconocía límites.
Dos décadas y media después de culminar su labor en la bóveda, Miguel Ángel realizó una nueva contribución a la Capilla Sixtina. En su ábside, el italiano desarrolló un mural del Juicio Final que, más allá de su calidad artística, generó escándalo entre los religiosos más conservadores por los desnudos que incluía. Por supuesto, con el correr de los años esa polémica quedó atrás y lo que primó fue el incalculable valor estético de la obra, considerada como una de las expresiones más elevadas del arte occidental.
Cabe destacar que existe un proyecto para instalar una réplica de tamaño real de la Capilla Sixtina en Argentina. La iniciativa, similar a un emprendimiento que los Museos Vaticanos ya llevaron a cabo en México, se desarrollaría a partir de miles de fotografías en alta calidad que permiten a los visitantes sentir que están frente a las maravillas del edificio original.

La Basílica de San Pedro, el corazón del cristianismo

En el sitio donde fue enterrado el primer obispo de Roma, se erige la imponente Basílica de San Pedro. El emperador romano Constantino fue quien, en el siglo IV, ordenó construir un templo en el lugar. El paso del tiempo fue haciendo estragos en la estructura; por eso, en 1505, el papa Julio II encargó al arquitecto Donato d’Angelo Bramante que reconstruya la basílica desde cero. Las obras se iniciaron un año después, aunque el fallecimiento de Bramante interrumpió el proyecto e impidió su culminación. Por iniciativa de Paulo III, Miguel Ángel Buonarroti continuó con los trabajos y aportó su propia impronta al edificio, en el cual trabajaron varios arquitectos en distintas épocas. Ya en el siglo XVIII, Carlo Maderno se convirtió en el responsable de gran parte del aspecto actual del templo, ampliando lo hecho por Miguel Ángel.
Gracias a disponer del espacio interior más grande entre las iglesias cristianas de todo el mundo, la Basílica de San Pedro cuenta con una capacidad de 20.000 fieles. Tiene cerca de 190 metros de largo y su cúpula, hasta el extremo de la cruz, supera los 136 metros de altura. Por eso la basílica puede distinguirse con facilidad a la distancia.
Cada uno de los sectores de la Basílica de San Pedro resulta fascinante: desde las grutas vaticanas, que se encuentran en su sótano y albergan las tumbas papales, hasta la cúpula ideada por Miguel Ángel, pasando por su interior lleno de fantásticas obras de arte.
La Piedad del propio Miguel Ángel; el baldaquino de bronce que corona el altar papal, realizado por Gian Lorenzo Bernini; y el monumento fúnebre dedicado a Sixto IV que desarrolló Antonio del Pollaoiolo son apenas algunos de los tesoros que forman parte de esta iglesia.
No se puede aludir a la Basílica de San Pedro sin hacer referencia a la plaza del mismo nombre que se encuentra junto a ella. Fue diseñada por Bernini en el siglo XVII, durante el papado de Alejandro VII. La Plaza de San Pedro presenta un espacio trapezoidal y otro elíptico. Casi trescientas columnas y más de un centenar de estatuas de santos forman parte de este espacio del Vaticano que suele atiborrarse de fieles que se acercan para escuchar al papa.

 

 



Texto: Redacción Sólo Líderes

Fotos: Efraín Dávila