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Haciendo camino
Ya lo escribió el poeta Antonio Machado en 1912 y le puso voz Joan Manuel Serrat más de medio siglo después: “caminante, no hay camino, se hace camino al andar”. Porque, como proclama nuestro Fito Páez, “lo importante no es llegar, lo importante es el camino”. El movimiento como forma de vida, el viaje como manera de posicionarse en la realidad y de entender el mundo, es quizás una de las formas más bellas de mirar la vida.  
Quienes decidimos saltar de pueblo en pueblo, ciudad en ciudad o país en país, no buscamos llegar a un punto específico, pero si aspiramos arribar para llenarnos de colores y aromas y, así renovados, seguir andando. Todo vale, como recorrer una playa por ejemplo, y recargar energías con exquisitos mariscos antes de sumergirse en la tranquilidad serrana, cambiar de ritmo en una urbe cosmopolita para maravillarse con el arte de un museo y aplaudir hasta que duelan las manos en una sala de teatro colmada, armar las valijas y dirigirse hacia las majestuosas montañas con sus picos nevados y su imponente altura o tal vez previamente dar un paso por el campo para palpar el espíritu rural. Que las ruedas nunca se detengan: después de todo, es en esa marcha donde nace la magia del universo...

Sentirse pleno
Suena el despertador y el salto de la cama es automático. Un desayuno a las apuradas para dirigirse al lugar de siempre a realizar las mismas tareas que ayer, esas que mañana se repetirán casi inalterables; luego queda esperar a que las horas transcurran con su habitual monotonía hasta el regreso a la vivienda para descansar. Y que el ciclo vuelva a empezar. Esa realidad, con matices diferentes, es la que viven millones de personas al cumplir con sus obligaciones laborales. Son quienes fantasean con el momento de las vacaciones para cambiar de aire y ver, al fin, algo distinto. Sin embargo, dicha cotidianeidad no es imperativa ni ineludible. Existen individuos que se animan a dejar atrás las certezas para embarcarse en la aventura de vivir de viaje. Solos, con amigos o en familia, estos viajeros en tránsito perpetuo, minimizan los lazos materiales para conocer múltiples lugares y lograr que el horizonte no tenga límites.

Desafíos y oportunidades
Para estos aventureros, el viaje nunca termina: solamente hay pausas antes de retomar el periplo. El desplazamiento es físico pero forma parte de una filosofía de vida donde cada destino abre un abanico de posibilidades que enriquece la vida. Claro que este sueño requiere de recursos económicos para sustentarlo. Ahorrar antes de empezar la travesía es necesario, pero lo imprescindible es solventar el día a día para que el recorrido no deba interrumpirse. Generar ingresos en cada sitio de estadía es un camino posible pero no exento de complejidades; una alternativa cada vez más usual es apostar al trabajo a distancia que permite que el viajero sea un nómade digital. Gracias a Internet, se pueden realizar actividades laborales con la computadora o el teléfono desde cualquier parte y sin tener que acudir a una sede en concreto. Aunque el dinero es esencial, aquellos que lograron cumplir su anhelo destacan en blogs y redes sociales que el proyecto no es una utopía.Con creatividad, constancia y resiliencia, es posible procurarse los medios necesarios para satisfacer las necesidades básicas y seguir siempre en la ruta.

Lo imprescindible
El viajero constante se traslada con su casa a cuestas, como el caracol. En su equipaje carga todo lo primordial para que su estadía en cada destino sea confortable, desde la ropa hasta la documentación, pasando por los diversos objetos que utiliza en lo cotidiano. Pero en la valija hay mucho más que artículos tangibles. Quien está dispuesto a explorar lleva consigo ilusiones, metas y el deseo de saciar una curiosidad que al fin y al cabo, es inagotable. Hay en estas personalidades una postura filosófica que los conduce a multiplicar las miradas para que nada se les escape en el recorrido. También la relación con el entorno es parte de la esencia del itinerario, no solo con la naturaleza o con el ecosistema urbano, sino también con los habitantes de cada zona. Las conversaciones son un instrumento que ayudan a adquirir conocimientos y que permiten aprender sobre la cultura local de manera directa y también son fuente de aprendizaje los demás trotamundos que pueden cruzarse en el camino con vivencias enriquecedoras.

Distintas realidades
No hay una única forma de viajar, así como tampoco existe una sola manera de adentrarse en un destino, cada persona tiene sus intereses y posee determinados recursos para lograr sus objetivos. Por decisión propia o porque el presupuesto no permite otras opciones, hay quienes eligen pasar sus noches en hostales u hostels. Estos establecimientos son ideales para conocer gente debido a que permiten adoptar una vida casi en comunidad, con muchas acciones que se llevan a cabo en espacios comunes; los jóvenes son los huéspedes más habituales de esta clase de alojamientos, los hoteles, en tanto, ofrecen diferentes tipos de servicios en función de su categoría. Los hay elementales y otros mucho más completos que hacen que la permanencia se asemeje a unos días en el paraíso. Tener una piscina climatizada, un spa o un gimnasio a disposición siempre es bienvenido y le concede un cariz especial al viaje y a nuestra estadía repleta de emociones.
Al definir el hospedaje se deben analizar varios factores que pueden contribuir al éxito de la experiencia viajera. Es probable que resulte preferible pagar una tarifa algo elevada y arrancar cada jornada deleitándose con un desayuno buffet, por mencionar una posibilidad, u optar por un hotel que brinde buena conectividad y facilidades para trabajar cuando se requiere encontrar un espacio especial  para los compromisos profesionales.